martes, 14 de febrero de 2012
domingo, 9 de octubre de 2011
Ente
En mis entrañas crece la sensación de vacío. La imagino como un ente perverso que se apodera de mi voluntad, una sombra interna adherida con fuerza a la carne, un parásito sediento que no perdona.
Su puño derecho aprisiona a la alegría, desesperada por liberarse y volver a respirar. Mientras que en el izquierdo, enrollada y al punto de la asfixia, la esperanza se destiñe como un pedazo de tela de mala calidad que por primera vez toma contacto con el agua tibia.
Se hace cada vez más latente que nada es eterno, ni siquiera los tan amados recuerdos. Todo se ensambla para formar un círculo perfecto, el ciclo constante de la vida, donde el blanco inevitablemente se vestirá de luto en algún espacio de tiempo. Lo que alguna vez existió, muere y renace para dar continuidad infinita a los hechos.
Depositaré entonces la escasa fe que aún atesoro en la posibilidad que el maldito ente que continúa devorándome, aquiete su hambre pronto y vomite todo lo que me robó. Si la paciencia se agota antes de que eso ocurra, me veré forzada a utilizar otros medios para expulsar al demonio. Quizás una pócima mágica que aquiete el dolor.
domingo, 11 de septiembre de 2011
domingo, 31 de julio de 2011
Las letras avanzan decididas por el laberinto dentro cual despertaron no hace mucho. Los callejones sin salida se encargan de espolvorear el camino con desesperanza y oscuridad, al tiempo que las esbeltas consonantes se unen a las laboriosas vocales transmutando en poderosas cadenas que barren con todo y cuyas estelas tatúan sobre el camino frases que se vuelven indelebles en instantes. Pronto, nadie podrá evitar los versos ni las dedicatorias. Ni siquiera el viento podrá echar al suelo el significado que se esconde detrás de cada palabra.
sábado, 26 de marzo de 2011
Es dolorosamente abrumadora la sensación de vacío cuando me desprendo.
Mejor es aferrarse a las vocales y consonantes de una frase mal dicha, dejándole el resto al vaivén de los días y el desdeñoso destino.
Cuando la sentencia final caiga sobre mí, habré perdido toda esperanza y dejaré de creer. Mientras tanto, camino serena al borde del precipicio sin miedo a caer. Lentamente apuraré el paso, esbozaré una sonrisa y comenzaré a correr. Quizás incluso me deje empapar por la próxima lluvia.
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